Aunque el
problema criptográfico más conocido es el
de la confidencialidad de los mensajes, con el auge de las
comunicaciones electrónicas ha cobrado especial importancia
el tema de la autenticidad, que también requiere
solución criptográfica.
Los esquemas de autenticación sirven para confirmar
tanto la validez del mensaje emitido como la legitimidad
del emisor. Intimamente relacionado con este concepto
nos encontramos con la idea de firma digital, que, además
de lo anterior, asegura que el firmante de un mensaje
no puede posteriormente negar haberlo firmado.
Supongamos que Baltasar (B) y Alicia (A) comparten una
clave secreta, y que A recibe un mensaje cifrado supuestamente
de B. En principio, tras la recuperación exitosa
del mensaje, A no tiene ninguna duda de que dicho mensaje
proviene de B (autenticación), pero este esquema
no es de firma digital porque B siempre puede repudiar
el mensaje alegando que realmente lo produjo A.
Sin embargo, este problema se puede resolver fácilmente
usando un cifrado de clave pública de la siguiente
forma. B envía a A un mensaje cifrado con su clave
secreta, A lo descifra con la clave pública de
B, y guarda la versión cifrada. Así, si
B pretende repudiar su firma, A tiene una prueba definitiva:
nadie, salvo B, podría haber generado el mensaje
cifrado.
Aunque la firma digital descrita es totalmente válida,
no resulta muy práctica dadas las dimensiones de
los datos manejados. Es ahí donde entra a jugar
parte la función hash criptográfica, que
reduce el mensaje de partida a un valor resumen de menor
longitud, de forma que éste sirve como representación
compacta del anterior pudiendo aplicársele el correspondiente
cifrado sin problemas graves de eficiencia en las comunicaciones.
Ahora bien, para que una función hash sea criptográficamente
útil es necesario que verifique las propiedades
de "resistencia a las colisiones", que garantizan
cierto grado de dificultad para encontrar mensajes distintos
con idénticos resúmenes, ya que, en caso
contrario, las firmas digitales podrían ser objeto
de los conocidos como "ataques del cumpleaños",
basados en la construcción de mensajes falsos con
resúmenes (y consecuentes firmas) conocidos.
Una de las conclusiones que se extraen del estudio de
este tipo de ataques es la importancia del parámetro
longitud de resumen, ya que la factibilidad de dichos
ataques depende directamente de él: "a mayor
longitud, mayor seguridad". Obviamente en ese caso
el esquema también resulta menos práctico
por lo que hay que encontrar un punto de equilibrio entre
ambas características, que hoy en día se
cifra en aproximadamente 160 bits.